Especial: Indio Solari en Olavarría

Noticias de ayer

 

Por Pablo Zamora *

 

La banda de rock Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota se gestó en 1976 en un sótano de La Plata. Allí se conocieron Carlos “El Indio” Solari y Eduardo “Skay” Beilinson, cantante y guitarrista, respectivamente, y dupla compositiva de lo que a principios de los noventa alcanzó el podio de la banda de rock más popular de la Argentina, capaz de arrastrar a miles de seguidores hasta distintos escenarios del territorio nacional. Pero además, los Redondos se convertirían en el paradigma de una banda de rock al demostrar que, por vías alternativas, se podía llegar a la masividad. El Indio, Skay y Poli (manager y tercera pata del proyecto) lo consiguieron editando sus discos de manera independiente y autogestionando sus conciertos. La prensa del rock no tardó mucho en tomarlos como bandera de lo independiente y antisistema.

Esa bandera se enrolló en 1991, tras el fallecimiento del joven Walter Bulacio luego de ser detenido por la Policía en la puerta de un recital en Obras. Esa muerte, y el posterior silencio periodístico del Indio y compañía, significó la ruptura definitiva con buena parte de la prensa de rock que había acompañado a la banda en su crecimiento. Curiosamente, esas críticas fortalecieron el vínculo de los Redondos con la masividad, el culto al aguante tan identificado con las hinchadas de fútbol, la devoción por la banda, la comunión entre sus seguidores y el enfrentamiento con la policía que a mediados de los noventa se televisaba en vivo y en directo. La banda dejó así los recitales en Capital y buscó, en el interior del país, alimentar esa suerte de nomadismo que la caracterizó durante esos años. Hasta que apareció Olavarría.

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El martes 12 de agosto de 1997, el diario El Popular de Olavarría anunciaba: “Viene un fin de semana de locura”. El título de la nota principal de la edición de ese día hacía referencia a tres eventos simultáneos que tendrían lugar en la ciudad: la Convención Radical, el Encuentro de autos antiguos y los dos recitales de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota. En el texto se advertía: “La previsión olavarriense se limita a organizaciones separadas de cada evento sin coordinación municipal, propuestas de recorrido turístico de incierta convocatoria y mensajes radiales alarmistas que tratan de crear la sensación de que los jóvenes que llegarán a la ciudad son poco menos que las hordas de Atila”.

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Lo que ocurrió en los días siguientes es historia conocida: la banda de rock más popular de la Argentina no pudo dar sus recitales anunciados para los días 16 y 17 de agosto por decisión del intendente Helios Eseverri. En el decreto municipal Nº 589, el jefe comunal, entre otros argumentos, fundamentaba su decisión en “medidas de seguridad, control, alojamiento, abastecimiento que exceden la infraestructura y capacidad instalada en nuestra ciudad, tal como queda ratificado con las presentaciones efectuadas por la Cámara Empresaria y entidades civiles y de bien público locales”. El secretario de Gobierno, Héctor Vitale, remarcaba públicamente “la preocupación que despertaba habida cuenta de los antecedentes de hechos de violencia y vandalismo en distintos recitales que se habían llevado a cabo en diversas ciudades del país”.

El miércoles 13 de agosto, el diario abandonó por completo aquella advertencia de “fin de semana de locura” en función de los tres eventos que viviría la ciudad y se metió de lleno con el tema Redonditos de Ricota. En su tapa destacó una “Situación descabellada” (título), por cuanto “Eseverri suspendió por decreto el recital de Los Redondos” (volanta). En el interior, la nota principal anunciaba en el título que “El Gran Bonete no quiere los recitales” y en la volanta mencionaba “Decretos y ‘pase de pelota’ del Departamento Ejecutivo, funcionarios, entidades y policía jaquean los shows de los Redondos”. En el texto se aludía a instituciones como el Municipio, la Cámara Empresaria, el Club Estudiantes, la Policía y Sociedades de Fomento, entre otras, que “no se hacen cargo” de los argumentos presentados al intendente.

“Un final anunciado” fue el título principal de tapa de la edición del sábado 16 de agosto para informar que “se suspendieron los recitales de los Redonditos”. En la bajada, se informaba que la Justicia había ratificado el decreto del Intendente, y que el propio Eseverri “se atribuyó el ‘coraje de cuidar a la ciudad y su gente’”. Y concluía: “Pocas horas después se quemaron cubiertas frente al Palacio Municipal y al hotel donde se alojaba la banda. Al cierre de esta edición la Policía mantenía cerradas al tránsito vehicular las calles en torno del sector donde seguían reunidos los ricoteros”.

En la misma tapa, pero en título aparte (“Los corazones jóvenes tardan en cicatrizar”), se informaba en la bajada que “por primera vez en la historia de la banda, los Redonditos de Ricota ofrecieron una conferencia de prensa. El Indio Solari definió los sentimientos del grupo: ‘a partir de este momento no tenemos otra posibilidad que venir a exponer la amargura y el dolor que nos da por no tener una de las fiestas que nos vinculan con estos jóvenes’. Calificaron de 'descabellada' la decisión del intendente de prohibir sus actuaciones. No descartaron la posibilidad de tocar alguna vez en Olavarría”.

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Se cumplen 20 años de la prohibición en Olavarría y 16 desde la separación de Los Redondos. De aquel tiempo a esta parte, la población de la ciudad creció un 10 por ciento mientras que el público, ahora todo del Indio, se multiplicó por 20. Antes preocupaba la mala fama de los ricoteros; ahora, la cantidad. Antes, los vecinos más influyentes llevaban sus reclamos a las autoridades municipales hasta sus domicilios particulares. Ahora, los vecinos menos influyentes asisten en masa a un salón para escuchar explicaciones oficiales que los tranquilicen y se retiran con frases del tipo “tenemos que perder el miedo porque es simplemente un recital” o “el 80 por ciento de la gente llega el día del show y se va al otro día”.

Antes hubo una decisión polémica de dar marcha atrás y suspender todo. Ahora, el actual intendente Ezequiel Galli dobló la apuesta y hasta se atribuyó la llegada del Indio: “Les dije que quería tener el show en Olavarría y gustó la idea”. Su entusiasmo inicial fue bajando con la reacción de muchos vecinos hasta que ese “quería tener el show” se redujo a “viene mucha gente y esa gente viene a gastar a nuestra ciudad, eso es lo que yo celebro”. Hoy, como ayer, el show, “la misa”, sigue sin importarles a quienes manejan los destinos de la ciudad.

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En junio de 2015, el Indio sorprendió a la opinión pública: le confesó por radio a Mario Pergolini que tenía “una enfermedad malvada”. El año pasado en el recital de Tandil fue más específico: “Mr. Parkinson me está pisando los talones pero les aseguro que no me voy a bajar tan fácil de un escenario”. Así regresa el Indio a Olavarría. Sin Eseverri (murió en 2007), sin los Redondos (se separaron en 2001), sin informes policiales que estigmaticen a sus seguidores (ahora hasta el comisario milita la causa), y con la nada despreciable condición de ser el artista argentino de rock que más entradas vendió en la historia (fueron 130 mil en Mendoza en 2013, se esperan 200 mil en el predio La Colmena).

No se trata de una revancha (los tiempos y ciertos ánimos ya no son los mismos), aunque la combinación entre Olavarría y la posibilidad que sea el último recital del Indio asoma como un hecho histórico mucho mayor. Ya no tendremos el karma de la prohibición a los Redondos sino de haber tenido el pogo más grande del mundo.

 

* Licenciado en Comunicación Social, docente de la Facultad de Ciencias Sociales (UNICEN) y periodista del diario “El Popular” durante la cobertura de agosto de 1997.