Dos años y tres semanas

Durante más de dos años Mar del Plata fue la sede de un juicio que expuso con crudeza un fragmento de la historia dictatorial de Olavarría. Allá, en la ciudad feliz, se habló y se mostró el dolor, la impunidad, la crueldad. Y eso quedará en la historia.

Leandro Lora - Agencia Comunica-Facso

Hace poco más de dos años, en agosto de 2017, comenzaba en la ciudad de Mar del Plata el segundo tramo del Juicio Monte Pelloni. Era jueves 17 y el feriado del libertador se había trasladado al lunes siguiente. Ese día, como suele ocurrir en temporada invernal, la mañana era fresca y algo ventosa, una característica que en Mar del Plata muestra al invierno más invierno todav e ía. Hay allí una sensación contrariada con la postal nacional de la ciudad popular del verano. El lugar se torna gris, poco cromático, no hay sombrillas, ni reposeras, ni baldes y rastrillos, nadise atreve siquiera a asomar una remera. Es el invierno, es lógico. No es la ciudad feliz en todo su esplendor, pero hay un dejo en el imaginario que asocia Mar del Plata al disfrute y cada quien sabrá como descubrir esos detalles. Lo cierto es que durante más de dos años, la ciudad balnearia fue la sede de un juicio que expuso con crudeza un fragmento de la historia dictatorial de Olavarría. Allá, en la ciudad feliz, no se contó ninguna historia semejante.

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Aquel 17 de agosto resonaba todavía con fuerza el Juicio Monte Pelloni 1 (2014) que, ya desde el vamos, comenzaba contrastando con este segundo tramo. De la Olavarría colorida, llena de militancia y color, a la Mar del Plata invernal, lejana y fría. Paradójicamente había pocos medios de comunicación y poca gente, pero mucho, muchísimo para contar y escuchar. Paradójicamente, se pasó de un juicio que en Olavarría había empezado con todo, a un juicio que, en Mar del Plata, ese día se suspendió. Es así, el Juicio Monte Pelloni 2 comenzaba no comenzando.
En aquel 2017 las personas acusadas fueron 31, que se distribuían entre ex militares, ex miembros de la policía bonaerense y ex integrantes del Servicio Penitenciario. Un abanico de roles que anticipaba que el Juicio Monte Pelloni 2, iba a adentrarse en la historia dictatorial de Olavarría, mucho más allá del ejército. Sin embargo, así como entusiasmaba la cantidad de historia a recorrer con miras a la obtención de justicia, se empezaba a visualizar lo complejo de sentar en el banquillo de los acusados a 31 personas, 42 años después y a más de 300km de distancia del lugar donde ocurrieron los hechos. En este sentido, el Juicio hizo uso de las video conferencias como nunca se había visto. Muchos de sus imputados, por estar en otras ciudades, fueron convocados a presenciar las audiencias a través de estas transmisiones, pero tan nunca se había visto una cosa así (al menos para Olavarría), que luego de varias fallas en las transmisiones, se decidió que los imputados no estén presentes. Y así fue. No estuvieron durante la lectura de los requerimientos de elevación a juicio, ni durante los testimonios, ni durante los alegatos y prácticamente tampoco durante las palabras finales, ya que pocos han decidido hablar. Si hay un pacto de silencio entre las fuerzas de seguridad, durante Monte Pelloni 2 esto se hizo imagen.

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De los 31 acusados con los que se inició el juicio, quedaron solo 22. A varios la justicia les dio mucha ventaja, algunos fallecieron y a otros les ganó una cruel vejez. Como sea, quedaron fuera del juicio. A otros, en cambio, les llegó con el tiempo justo y entonces se la jugaron todo en la avivada, impostando una decrepitud que les permitiera esquivar el camino de la ley. Esto no es nuevo, existen casos de sobra (y vergüenza), detenidos con prisión domiciliaria, pero que caminan por las calles como si nada hubiera ocurrido, juegan con el tiempo a favor. Y ese es el riesgo.
Del otro lado están las víctimas, las personas que sufrieron en carne propia la impune violencia de la dictadura. Muchos de ellos militantes políticos, pero también trabajadores de las fábricas olavarrienses. Monte Pelloni 2 se caracterizó por contar no solo la represión contra las organizaciones políticas, sino también contra los gremios y sus trabajadores. Así resaltaron los casos de FABI (Fabrica Argentina de Bolsas Industriales) y LOSA (Ladrillos Olavarría), nombres emblemáticos de una Olavarría de perfil industrial, que permitió entender, en nuestra humilde localidad, un esquema represivo de alcance nacional. Pero el tiempo es cruel en estos casos. Hablamos de un juicio que tiene 45 víctimas, pero donde no todos pudieron brindar testimonio. Algunos solo fueron testigos del horror, pero no de la justicia. El tiempo, la vida, la vejez, 42 años.

monte8Eduardo Ferrante, Carmelo Vinci y Carlos Genson, las víctimas de pie, 42 años después.


Monte Pelloni 2 tuvo exactamente cien testimonios, cien personas que expusieron sus historias, sus dolores, sus horrores, sus memorias. Entre ellos hubo también quienes dijeron no saber nada, o quienes poco aportaron a la verdad. Pero hubo (y hay) allí, recuerdos de una historia difícil de olvidar. Seguramente sus fragmentos hayan aparecido en sueños no deseados, o en tímidas y corajudas reuniones familiares; tal vez para otros, surjan de manera constante en forma de enseñanzas, con cada charla abierta, con cada recuerdo cruel pero necesario para quienes ni siquiera habían nacido en esos años. Lo cierto es que para todos y todas, tuvieron que volver allí, en un Tribunal. El valor del testimonio pocas veces es descripto en su sentir más profundo, en su abandono como mera información pública que luego se cuenta en una nota. Detrás de un testimonio hay días, semanas, tal vez meses de reflexión, de revuelta, de emociones encontradas, conflictuadas. Antes y después del testimonio (incluso durante) hay todo un conjunto de personas que acompañan. Los testigos tenían que viajar, no sólo a Mar del Plata, sino en el tiempo, y no lo hacían solos. Siempre había un familiar, un amigo, un compañero al lado, tal vez un desconocido que se acercaba y daba una palmada o un simple gracias. Se ha llorado y se ha reído al mismo tiempo, y aunque es una frase trillada, es profundamente cierta. Quienes han brindado testimonio, merecen saber que su voz ha trascendido al Tribunal, ha hecho historia.

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Centro clandestino La Huerta, Tandil, y Unidad 2 SierraChica

Monte Pelloni 2 volvió sobre los pasos recorridos del horror. Visitó Centros clandestinos (en la foto La Huerta en Tandil), Comisarías, Unidades Penales y al mismísimo regimiento de Olavarría. Logró juntar en una misma foto al ejército, los jueces, los abogados y las víctimas. Obligó a muchos a regresar literalmente a lugares que jamás creyeron que volverían a pisar, a ver, a percibir como lejano y cercano al mismo tiempo. Se ha escrito una historia de coraje, porque el dolor afloró y pese a todo, allí se estuvo nuevamente.
Finalmente serán exactamente setenta audiencias, setenta días repartidos a lo largo de dos años y tres semanas. En todo ese camino, este cronista ha logrado producir y tener entre sus pertenencias, tres cuadernos completos de anotaciones, frases, dibujos y palabras rebuscadas. Conserva en su memoria horas incalculables de viajes de ida y vuelta. Guarda anécdotas, momentos, pasajes indescriptibles de un largo proceso que esta semana llega a su fin. Y será este jueves, a las 15hs, en la fría e invernal ciudad de Mar del Plata, allá, lejos de Olavarría, 42 años después de lo ocurrido. Luego habrá tiempo para evaluar, reflexionar, pensar por qué tardamos tanto, por qué dejamos que pase. A fin de cuentas esta historia es nuestra, es argentina, pero sobre todo olavarriense. Nos ata como pueblo, nos obliga a hacernos cargo.

A quienes han insistido, haciendo de las tripas corazón, sepan que nada fue en vano y que valió la pena transitar, estos dos años y tres semanas.