Educación y comunidad

Traducciones al braille: una acción para la comunidad

Una biblioteca barrial y talleres de las unidades penales trabajan conjuntamente en la traducción de libros para personas no videntes y disminuidas visuales.

 

Por Eliseo Díaz

La Biblioteca Popular Vecinal “Don Helios Eseverri”, ubicada en Balcarce  al 3626, nació como un proyecto barrial: existía la necesidad de tener un ámbito de biblioteca para lectores pero también generar un lugar en el cual los niños y las niñas del barrio pudieran ser parte. Desde su surgimiento, la biblioteca fue pensada como un espacio para realizar actos culturales o presentar autores, una proyección que en el barrio no se encontraba. “Surgió por la donación de material de nuestras bibliotecas personales. Actualmente, con todos los  volúmenes que hay disponibles, sólo tenemos cuatro o cinco libros que fueron comprados”, explicó Olga Rasposo, bibliotecaria y directora de la biblioteca. En 2012, durante la intendencia de José Eseverri, se inauguró la biblioteca con la ayuda de diversas gestiones. De esta forma, las integrantes de la biblioteca lograron que les cedieran el comodato de una casa del barrio Villa Floresta que se encontraba en poder del municipio. De todas maneras, Rasposo da cuenta de su desvinculación con el municipio. “Tiene el nombre de un ex intendente porque fue el que nos dio, en un principio, una mano muy fuerte para avanzar y gestionar lo que posteriormente fue la biblioteca. Pero no tenemos ningún lineamiento político. No es municipal, por eso se lee en todos nuestros sellos que es popular y vecinal”, aclaró la directora.

Actualmente la biblioteca cuenta con aproximadamente 15 mil volúmenes, de los cuales más de 200 son traducciones al braille realizadas por la Escuela Media N°5 de la Unidad Penal N°2 con extensiones en la Unidad N°27 y N°38. “Nosotros teníamos todo el material y no sabíamos dónde ponerlo. Y yo conozco a Olga de toda la vida, y cuando ella abrió la biblioteca me dio un lugarcito para poner los libros” recordó Silvia Millia, coordinadora del taller de braille. “Vienen alumnos del taller a presentarnos el material y hemos tenido actos de intercambio entre los niños bibliotecarios de las escuelas del barrio con no videntes, donde unos leen cuentos y los otros leen en braille. También hemos tenido visitas de autores locales cuyos libros han sido traducidos al braille”, relató Rasposo en relación a los actos para la recepción de la mayoría de los libros traducidos que reciben. Uno de los autores del cual realizaron traducciones al braille fue de Matias Verna. “Yo doné los libros a una escuela secundaria y en algún momento, por alguna razón, lo tradujeron y para mi fue muy gratificante” contó Matías, quien trabaja como Coordinador de Prensa de la Unidad N°38 de Sierra Chica. De Verna se tradujeron dos libros: el primero fue “20 poemas distintos y un cuento que no me desespera”, publicado en 2010; luego tradujeron “Crudo”, publicado en 2017. “Que un libro mío esté traducido al braille significa que otras personas también puedan leerlo pero además significa cortar barreras, significa soñar, significa diversidad. Escuchar que una persona no vidente o disminuida visual lea o cuente un cuento tuyo es muy emocionante”, sostuvo Verna.

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Una labor en conjunto

El taller de braille realiza actividades en tres unidades del Penal de Sierra Chica. En la Unidad N°2 se suele trabajar en tres turnos (mañana, intermedio y tarde); en la Unidad Nº 38 unicamente en el intermedio; y en la Nº 27 a la mañana. “El trabajo que se realiza es a tablilla y punzón, un trabajo de hormiga. Letra por letra haciendo puntitos, tardan horas... Y es una labor netamente solidaria, de parte mia y de los alumnos” explicó Millia. Actualmente, tras haber cubierto la necesidad de libros en Olavarría, se dedican a lo recreacional. “Estamos dedicándonos a hacer juegos. Hemos hecho ajedrez, ludo, damas, ta te ti, juego de la oca. También hicimos la señalización en braille en la facultad de sociales” contó la coordinadora del taller.

En la actualidad, ni la biblioteca “Don Helios Eseverri” ni el Taller de braille están recibiendo apoyo económico, lo que les dificulta su tarea a la comunidad. “Nosotros no recibimos ningún tipo de subsidio por parte del estado. Subsistimos a través de la cuota de socio, de 25 pesos mensuales, y mediante los múltiples talleres que se realizan” expresó Rasposo. Por su parte, el taller de braille también atraviesa una situación similar. “Durante 9 años recibimos apoyo… Hasta este año. Y no sé qué ha pasado. Yo hago un pedido a la solidaridad por si pueden colaborar con lo que sea, lo más importante serían las hojas de braille pero es difícil ya que son muy caras. He hablado en la municipalidad y están todos los talleres igual”, reclamó Millia.

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A pesar de todas las dificultades que atraviesan, las encargadas de ambos espacios no pierden las esperanzas ni las ganas de seguir trabajando para y hacia las personas involucradas. “A quienes están en la Unidad Penal uno intenta ayudarlos. Si pueden volver a la sociedad y a sus tareas uno ya está feliz. Esto me ha llenado la vida”, relató Millia. “La parte difícil es la de la sociedad, de aceptarlos e incluirlos nuevamente. Pero este tipo de actividades ayuda desde todo punto de vista... después hay que ver quien toma el guante y quién no” reflexionó Matias Verna. Todos concuerdan en que este tipo de actividades interinstitucionales ayuda a una parte de la comunidad que los necesita para emprender desde las palabras e imaginación un porvenir mejor./ AC-FACSO