Especial: Indio Solari en Olavarría

Al calor de las masas

A mediados de los 90, después de una serie de shows en Huracán cargados de tensión, los Redondos eligieron mudar su vivo a pueblos y ciudades de las provincias. Sin proponérselo, comenzaba una de las experiencias más singulares de la historia del rock argentino.

 

Por Francisco Delfino

Patricio Rey atravesó los 90 agigantando su imagen en el interior del país y cumplió un destierro casi forzoso, siempre festivo y a veces turbulento. En la década donde el menemismo avanzaba dejando millones de despojados y un desempleo record, los Redondos se convirtieron en una banda capaz de montar un pueblo instantáneo y paralelo adonde fueran. Se supo focalizar en el caso Bulacio como el motivo que llevó a los Redondos a salir de Capital. Pero las razones detrás de la aventura interior fueron múltiples. Más allá de la relación en creciente tensión entre el público y la Policía Federal, la etapa tuvo además razones ligadas al negocio y al espíritu itinerante que había guiado a la banda en sus orígenes. Únicamente entre agosto de 1990 y abril de 1991 tocaron once veces en el Estadio de Obras Sanitarias. La masividad era una realidad. Pero la certeza que a Bulacio lo había matado la policía no hizo más que acrecentar el malestar. Y partiría en dos la historia de Patricio Rey.

Banderas negras: el caso Bulacio

El viernes 19 de abril de 1991 Walter Bulacio, de 17 años, fue hasta Obras para presenciar un recital de Patricio Rey. El operativo policial desplegado por los agentes de la comisaria 35 de Núñez, al mando del comisario Miguel Ángel Esposito, operó de manera brutal. La presencia de las fuerzas de seguridad fue desproporcionalmente numerosa. Y a los móviles se le sumó un colectivo de la línea 151 estacionado en doble fila en la puerta del estadio con un fin preciso: albergar la mayor cantidad posible de detenidos.

Bulacio fue a Obras sin entrada. Intentó comprar pero estaban agotadas. Quiso recorrer el predio pero fue detenido por un policía y terminó en el 151. En el colectivo estuvo detenido más de dos horas junto a otras cuantas personas. A metros de allí los Redondos actuaban para seis mil espectadores. El colectivo se dirigió a la comisaria 35. Luego de varias horas liberaron a los mayores de edad. Bulacio fue depositado en una sala de espera y luego a un calabozo grupal. Walter se sentía mal.

A la mañana siguiente, la policía, al margen del maltrato verbal y físico y de la detención irregular, ya había incumplido una norma que determinaba que ningún menor podía estar en la comisaria más de ocho horas. Con vómitos, sin poder mantenerse de pie y con un aspecto pálido, Bulacio fue enviado al Hospital Pirovano donde le diagnosticaron traumatismo de cráneo. Cada vez con menos fuerzas, alcanzó a decir que había sido golpeado por la policía. Murió cinco días más tarde en el Sanatorio Mitre. La autopsia evidenció marcas de golpes con objetos contundentes en el torso, cabeza, miembros y extremidades. Ante la falta de cumplimiento por parte del Estado argentino de aspectos significativos de sus recomendaciones, la Comisión Interamericana de Derechos Humanos presentó la demanda de este caso ante la Corte Interamericana de Derechos Humanos en 2001. La sentencia de la Corte admitió el reconocimiento de responsabilidad internacional efectuado por el Estado y le ordenó continuar y concluir la investigación; sancionar a los responsables y garantizar que no se repitan hechos similares.

prcemento

El exilio interior

Antes de llevar su rock al país, Patricio Rey tocó por primera vez en un estadio de futbol. Fue en Huracán, en noviembre de 1993, donde asistieron 80 mil personas en dos noches. En diciembre del 94, el mismo escenario terminó con la vinculación capitalina. La situación se tornaba incontrolable: los barras del club, en complicidad con la policía encargada del operativo de seguridad, extorsionaron a los encargados de la organización de la banda para liberar puertas de acceso y dejar zonas liberadas. Ante esas y otras situaciones inmanejables, la banda replantearía sus presentaciones. Seguirían con el lema de “solos y de noche”. Pero esta vez alejados de cualquier elemento tendiente a distorsionar el clima festivo que pretendían dar a sus espectáculos.

En ese momento la banda decidió que quien quisiera verlos debería viajar por el país. La calma del interior apareció como un motivo clave para tranquilizar los ánimos colectivos. A partir de esa idea, cada recital adquirió carácter de mística y épica. Miles de personas viajaban en tren, a dedo, recorriendo pequeñas terminales y transitando rutas a ciudades y pueblos que veían cambiar su paisaje. Los seguidores incondicionales (las “bandas”) trazaron el mapa de una época: plazas colmadas, vecinos entre el temor y la hospitalidad y carpas envueltas en el sonido de los grabadores a pilas. Comenzaron en lugares chicos y cerrados, generalmente boliches (como en San Carlos Centro en Santa Fe, Concordia y Mar del Plata). Pero los recitales se convirtieron en algo más grande e imprevisible.

Cordero Atado

Como acostumbraba, Carmen Castro (más conocida como la Negra Poli, manager de Patricio Rey) publicó un aviso en el suplemento Sí! de Clarín anunciando los próximos recitales. Serían dos fechas: el 16 y 17 de agosto de 1997. El lugar elegido fue Olavarría. Todo estaba preparado para que la ciudad no fuese la misma luego de la actuación. Y así fue, aunque no por motivos musicales. En medio de una ola de paranoia por parte del Municipio, la Cámara Empresaria y parte de la comunidad local, la prohibición del intendente Helios Eseverri desencadenó en un hecho histórico: por primera vez Patricio Rey tomó forma humana fuera del escenario. En vivo y en directo para toda la Argentina.

El viernes 15 de agosto del 97, pasadas las ocho de la noche, las señales nacionales de noticias y algunos canales de aire interrumpieron su programación para emitir imágenes de lo que era una conferencia importante. El sobreimpreso de Crónica TV así lo ratificaba: “Histórica conferencia de prensa de los Redonditos de Ricota”. Tras la suspensión definitiva, serios y sentados, visiblemente incómodos ante la  situación, los cinco integrantes de Patricio Rey, junto a Poli, ofrecieron la que fue no solo la única entrevista publica de toda su trayectoria sino su única aparición sin instrumentos en la televisión argentina. Todo esto sucedió en una sala del Hotel Savoy con un empapelado de fondo que mostraba un jardín con arboles verdes en ligero contraste con el contexto.

indolav2
Antes de hablar, Solari pidió un cenicero. Poco más de veinte minutos y dos cigarrillos le bastaron. Casi todo el discurso fue suyo. Miles de personas en sus casas no darían crédito a lo que veían. Patricio Rey dejaba de ser un mito, una existencia que se corporizaba únicamente en los escenarios. La aparición televisiva desmanteló definitivamente su perfil fantástico. Gente que nunca había ido a un recital de la banda, pero que conocía sus características, los observaba por primera vez. Esa noche quedaron al desnudo algo más que la voz o los modos de Solari. La irrupción en las pantallas resultó conmocionante en varios aspectos. En primer lugar, por la sobriedad con la que se presentaron y hablaron. Se alejaban de cualquier estereotipo vinculado a los “rockeros”. En segundo lugar, fue la imagen del propio Solari la que despertó más asombro: anteojos de sol, su calvicie completa en una época donde no se acostumbraba, una escasa expresividad en su rostro, y su voz profunda y pausada le daban otra fuerza a lo que decía. Sus palabras fueron un alegato pronunciado con claridad y convicción. Las familias argentinas seguramente no alcanzaron a comprender el hecho que ese hombre de modos intelectuales fuera el portavoz de sus hijos.

Hasta último momento hubo gestiones no solo para que la banda tocara de día y en un espacio abierto (a lo que se opusieron) sino para que trasladaran el show hacia ciudades vecinas. Pero no existió alternativa. Decepcionados, los músicos y seguidores volvieron a sus casas. El paso por Olavarría de Patricio Rey no solo había sido decepcionante en lo musical sino también en lo económico. Los asistentes de la banda, técnicos y plomos se habían movilizado y armado el escenario, llegando a la ciudad con varios días de anticipación a la fecha prevista. Incluso Poli había pagado el servicio de seguridad: 12 mil pesos tanto de privado como de la policía local y bonaerense. Esto motivó a que la banda decidiera iniciar un juicio a la intendencia de Olavarría por una cifra cercana a los 500 mil pesos/dólares en concepto de daños y perjuicios. El representante legal de Patricio Rey fue el abogado José Pablo Ávalos. Tras meses de esperas, la demanda fue archivada.

Los sonidos de la libertad

Para el posterior recital en Tandil, el 4 de octubre de 1997 en Tandil, Poli volvió a publicar un aviso en el suplemento Si! Esta vez con una sutileza: la gráfica realizada por el artista plástico Rocambole mostraba un amenazador funcionario que levantaba un dedo en clara señal de advertencia. Patricio Rey elegía reírse de la situación. En la previa al recital, el intendente tandilense Julio Zanatelli intentó seguir los pasos de Eseverri. Pero finalmente acepto dialogar, negociar y establecer lo que fue el primer vínculo de Solari con Tandil. Un lugar emblema en sus futuras presentaciones como solista.

prtandil
Recién en diciembre del 98 los Redondos volvieron al área metropolitana. La cancha de Racing recibió a 90 mil personas en dos noches. Tras tocar en el Patinódromo de Mar del Plata en junio del 99, el estadio Monumental de River apareció en el horizonte. Pero llegar a la cima sería también el principio del fin para Patricio Rey. Luego de dos noches en River con más de 140 mil personas y recorrer el estadio Centenario de Montevideo y el Chateau Carreras de Córdoba, el clima tenso e inestable del contexto sociopolítico de 2001 obligó a la banda a cancelar su recital de diciembre en Santa Fe. El correr de los meses dejó en claro que Patricio Rey había llegado a su fin. Quedaron sus canciones y discos, cientos de historias a su alrededor y un público que representó la muestra más concreta de incondicionalidad hacia una banda. Esa impronta fue un legado que tomaron las presentaciones solistas de Solari en todo el país, con Olavarría como próximo destino.