Estado y derechos

Cannabis para la salud

Los usos del cannabis, la toma de posición del Estado y las demandas sociales vinculadas al derecho a la información tuvieron su lugar en un debate realizado en Olavarría. Distintos especialistas aportaron su mirada sobre los beneficios que ofrece la planta.

 

El sábado 20 de mayo se llevó a cabo en el salón Rivadavia, en Olavarría, una jornada debate  sobre Cannabis Medicinal. La misma estuvo organizada por la Secretaría de Extensión de la UNICEN, la Asociación Cannabis Activa Olavarría y las Facultades de Ciencias Sociales, Ingeniería, Ciencias Veterinarias, Ciencias Humanas, Derecho y la Escuela Normalizada de Ciencias de la Salud. Desde un primer momento existió, en los expositores, un reconocimiento del empoderamiento de la sociedad civil desde diversos lugares. Para ellos, acotar la cuestión a la dimensión puramente medicinal es dejar fuera del debate hechos trascendentales que hicieron que el cannabis hoy sea objeto de debates. En ese sentido, el rol civil es marcado por la creación de las organizaciones y asociaciones que decidieron hacerse eco de las demás sociales y políticas ante la ambigua presencia del Estado.

Participación civil

Fundador y miembro de la agrupación “Cannabis Activa de Olavarría”, Emilio Hurtado explicó que la misma surgió de una necesidad de informar sobre los beneficios de la planta de cannabis para derribar mitos y tabúes. “Bajo ningún punto somos promotores del consumo de cannabis. Sin embargo, sostenemos que toda persona que haya decidido hacer uso deberá informarse desde la verdad y no desde el prejuicio, la estigmatización, la mentira y el miedo”, sostuvo. El rol de “Cannabis Activa", según su mirada, es tomar la responsabilidad que debiera tener el Estado: décadas de prohibición hicieron que el mismo se desentendiera de la información. “Hasta que la ley pueda reglamentarse hay una ausencia y ahí está la desesperación de la gente. Nosotros hacemos hasta donde llega nuestro conocimiento. En base a eso, creemos que la vía más segura al acceso es el autocultivo”, reconoció Hurtado.

Demandas y legitimidades

Gastón Barreto fue otro de los disertantes invitados. Desde que comenzó a tomar posición respecto a los debates, tiene un intenso recorrido en el tema. Hace más de un año es asesor científico de CAMEDA, una de las dos ONG´s más recocidas junto a Mamá Cultiva. “Este tema surge de la legitimidad social. Hablamos de cannabis porque existe inicialmente una demanda social, incluso las agrupaciones, como Cannabis Activa, surgen de las demandas que existen”, explicó Barreto. “Hay un montón de patologías donde las medicinas, las que están reguladas, las que se compran, las que recetan los médicos, no están supliendo. Yo creía que el cannabis era una alternativa pero rápidamente me di cuenta que era una medicina. Y eso tiene que ver con el soporte y la evidencia científica que tiene el tema hoy”, reconoció. En base a ello, hizo alusión al descubrimiento del sistema endocannabinoide que tiene el organismo humano: un descubrimiento trascendental que generó un punto de inflexión en la escena científica y médica.

Breve historia de la prohibición

Sebastián Basalo, director y cofundador de la revista THC y del Centro de Estudios de la Cultura Cannabica de Argentina (CECA) reconoció el impacto de hablar acompañado por profesionales del campo científico. “Diez años atrás no había científicos que acompañaran, había tipos con guardapolvos que decían lo contrario a lo que estamos sosteniendo hoy. Los intereses, por el cambio de leyes, están virando”, reflexionó. “Lo primero de lo que puedo dar fe es que mucha gente fue privada de tener una medicina que pudo haber mejorado su calidad de vida. Yo vi morir a gente de manera indigna y no se la recomiendo a nadie”, sintetizó Basalo acerca de la vulneración de derechos elementales como el acceso a la salud. Luego explicó las razones históricas sobre las cuales se produjeron y reprodujeron prejuicios asociados al uso de la planta. “A comienzos del siglo pasado existían intereses económicos productos de la industria farmacéutica. Tipos que producen sustancias, que las venden en farmacias y que en muchos casos tienen el monopolio de recetarlas, como los médicos. Eso generó que haya un negocio legal más rentable. Este negocio para extenderse tenía que lograr que la gente dejara de usar cosas que usaba naturalmente, no sólo plantas de cannabis”, reflexionó. Esta industria farmacéutica que intentaba imponer un negocio rentable se apoyó en la estigmatización a ciertos grupos sociales, la construcción del otro como peligroso vinculado al consumo de ciertas sustancias. Todo ello, sumado a los valores morales sostenidos por la iglesia y reproducidos por la propagada sirvió para que el cannabis y los usos asociados al mismo pasaran a formar parte de un imaginario negativo.

Prohibiciones y regulaciones

A modo ilustrativo, surgió la comparación con otras sustancias como el alcohol y el tabaco para reflexionar acerca de las implicancias y los efectos de la prohibición y la regulación por parte del Estado en relación a sus usos. “Durante la prohibición del alcohol aumentaba el consumo, las enfermedades, la violencia social producto del control territorial para la venta ilegal, las mafias y la corrupción estatal. Pero sobre todo, aumentaba el tráfico. ¿No les suena actual cuando vemos lo que ocurre con el resto de las sustancias que hoy son ilegales? Corrupción estatal, policial, violencia callejera, aumento del tráfico, del  consumo, ¿No son cosas que nos alarman de las sustancias ilegales?”, reflexionó Basalo. Contrario a lo que se pensaba, la regulación del alcohol, diez años después de su prohibición, produjo la disminución de su consumo, de las enfermedades asociadas, de las mafias y narcotraficantes que se habían apoderado del comercio. Con esto, Basalo dio a entender las consecuencias positivas que se podrían empezar a ver en relación a que el Estado comience a regular diversas sustancias, en este caso, el cannabis, y que además ayudarían a destrabar ciertos mitos asociados a la planta. “Se dijo que el cannabis era la puerta de entrada a todas las drogas. No hay un sólo estudio científico que demuestre que una persona que usa cannabis vaya a consumir otra sustancia. A una persona que se le permite cultivar cannabis en su casa dejaría de ir a comprar a una boca de expendio, dejaría de financiar el narcotráfico y quizás así dejaría de encontrarse con un montón de otras sustancias“, remarcó.

La cuestión legal

El director de la revista THC retomó las afirmaciones de Barreto acerca que el cannabis no será la síntesis final de todas las dolencias pero destacó que en varios países se está produciendo una vuelta a los medicamentos provenientes de plantas. Sin embargo, reconoció que el debate está arrancando en Argentina desde una realidad muy dura. “Tenemos una ley de drogas que prohíbe la tenencia de cannabis para cualquier fin. Existe una ley de cannabis medicinal pero tenemos una ley que penaliza tener un frasquito de cannabis con uno a seis años de prisión o que penaliza el autocultivo con penas de hasta 15 años”, ejemplificó. “Ante el avance del cannabis como medicina se está intentando dividir a la sociedad entre usuarios recreativos y usuarios medicinales. Las personas de las asociaciones que vienen luchando hace años no lo hicieron por un tema exclusivamente medicinal. Sin embargo, ante las necesidades de distintas personas se hicieron eco. Ahora están acompañando y se asesoraron medicinalmente con las condiciones mínimas para hacerlo de la mejor manera”, destacó.

La experiencia civil

La agrupación “Cogollos del Oeste” comenzó su labor hace cinco años. Se definen como una agrupación cannábica, no exclusivamente medicinal, pero decidieron asesorarse y armar una red para responder a las más de 60 demandas semanales que reciben. Ser una agrupación cannábica implica pelear por un cambio de ley que penaliza el autocultivo de la planta, un punto crucial para sostener la red. “Empezamos a armar un dispositivo medicinal. Lo primero que hicimos fue una planilla para tomar el caso, para saber qué íbamos a hacer, cuál de todas las cepas se podían utilizar. Hace veinte años que estamos cultivando la planta de cannabis y hay otros que se la juegan hace 25 años. Ellos, con su solidaridad, nos enseñaron a cultivar”, expresó Facundo Rivadeneira. Además, reconoció la importancia que médicos y profesionales se hayan sumado a participar de la red, algo elemental para hacer seguimientos de quienes deciden hacer uso de la medicina. La experiencia organizada de esta red, que cuenta con toda una sistematización de información y asesoramientos personalizados, está dando sus resultados pero será clave que la ley se expida y avale el autocultivo. “Entendemos que la terapia cannábica es personalizada porque no existe ningún sistema endocannabinoide igual. Las genéticas que enganchan con esas llaves y esas cerraduras son distintas. Entonces el aceite que designe la ley, para su fibromialgia, con la misma patología a él por su edad, su trayectoria de vida no va a servir, por eso se vuelve personalizada”, sostuvo.

Hacerse cargo

“Yo quisiera que lo medicinal se nombre. Dijeron terapéutico y puede ser también cannabis para la salud. Porque la salud es un término mucho más amplio, es un derecho humano y el cannabis puso eso en discusión porque detrás del debate de cannabis está en discusión si trabajamos para la salud o trabajamos para la enfermedad”, afirmó el doctor Carlos Magdalena. Paralelamente, hizo un llamado a los diversos profesionales del campo de la salud para que generen una apertura hacia el conocimiento que pueden brindar los cannabicultores.

Recuperó, además, las implicancias que tuvo el descubrimiento del sistema endocannabinoide y dio detalles de cómo funciona en el organismo. “Una de las zonas de más incidencia es la del dolor. Una persona con dolencia, no come, no duerme y está deprimida. Estas cosas son las que mejora el cannabis. Normaliza el sueño, la tolerancia, mejora la sensación de sensopercepción y la tolerancia al dolor”, afirmó. Carlos Magdalena disertó también sobre la necesidad que el Estado asuma un rol protagónico a la hora de abordar la temática “Es necesario un Estado Social que garantice que haya justicia social. La accesibilidad al medicamento es gracias a la autonomía, y la soberanía. ¿Quién garantiza la equidad? Esto puso en discusión el cannabis. La medicina sólo sirve si está al alcance de las mayorías”, concluyó.

Testimonios y experiencias

El panel dio lugar a que dos mujeres ofrecieran sus experiencias acerca de determinadas patologías. Sus relatos estaban cargados de emotividad. Mónica tiene 57 años. Fue diagnosticada de cáncer de grado 4 en el hígado. Realizó dos años y medio de quimioterapia hasta que le manifestó a su doctor que quería una mejor calidad de vida. La frescura y vitalidad con la que desandó su narrativa, la sonrisa que mantuvo durante todo su testimonio contrastaba fuertemente con el diagnóstico. Empezó a producir su propio aceite y a consumirlo. Eso fue fundamental. Los estudios posteriores daban muestra de la mejoría que esperaba se estaba logrando. Liliana fue diagnosticada con fibromialgia severa. Una patología que la fue llevando a dejar de trabajar y sentirse bien. Sólo podía estar en la cama por la potencia de esos dolores. El acercamiento a la medicina cannábica poco a poco le sirvió para recuperarse de los dolores, volver a trabajar y volver a sentirse viva.

Fueron varias las cuestiones que atravesaron el debate: el empoderamiento de la sociedad civil, la necesidad a la información, la importancia que la ley deje de criminalizar a los cultivadores, etc. Aún así, el debate no está cerrado. La amplia presencia del público dejó en claro que todavía queda mucho por cultivar. La convivencia entre el saber popular y el saber científico evidencia un lugar responsable desde el cual trabajar. Está claro, además, que es necesaria la urgente reformulación de la ley de drogas para que cese la criminalización y la penalización a quienes cultivan para diversos usos la planta de cannabis. En definitiva, es la misma planta la que genera el alivio a las dolencias, y la sonrisa del bienestar. /AC-FACSO