Economía y sociedad

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Durante un mes se concurrió a dos supermercados de Olavarría donde se registraron exponenciales aumentos de precios semana a semana. El docente y economista José Castillo explicó las variantes y consecuencias de la actual situación económica del país.

 

Por Eliseo Díaz

Una vez por semana, durante un mes, se monitorearon los alimentos que componen la Canasta Básica de Alimentos (CBA). Dos supermercados de Olavarría fueron elegidos para el control: el supermercado más grande de la ciudad, la sucursal de Walmart; y un supermercado asiático del barrio Mariano Moreno. El monitoreo se realizó en un total de 48 alimentos, divididos en primeras marcas y en el precio más económico encontrado de ese producto. Entre ellos se encuentran las harinas y sus derivados, carnes, frutas y verduras, dulces, entre otros. El objetivo fue controlar los productos con los que la gente se encuentra cada semana a la hora de hacer las compras básicas de alimentos y cómo estos varían sus precios en cortos períodos de tiempo. “Hoy ya tenes una inflación a fin de año calculada al 42%. Los productos de la canasta básica, desde abril hasta ahora, aumentaron el 30%”, explicó José Castillo, economista y docente en la Universidad de Buenos Aires (UBA) y en la Universidad Nacional del Centro (UNICEN).

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Mediante el método de medición de la pobreza utilizado por Instituto Nacional de Estadísticas y Censos (INDEC) llamado “Línea de pobreza” (LP), se determina la capacidad de los hogares de satisfacer un conjunto de necesidades básicas, alimentarias y no alimentarias esenciales. Para ello se utiliza la Canasta Básica de Alimentos (CBA) y sumado a las necesidades no alimentarias (como vestimenta, transporte, salud, etc) se determina la Canasta Básica Total (CBT). Para determinar la incidencia de la pobreza se analiza la proporción de hogares cuyos ingresos no superan la CBT. Para determinar la indigencia, en cambio, se establece la proporción que no supera la CBA.

El aumento de los precios de los alimentos de la canasta básica fue constante desde el 16 de agosto hasta el 5 de septiembre, sin contar productos estacionales como frutas y verduras (que se mantuvieron estables en su mayoría). Entre los alimentos que más aumentaron se encontró el arroz (el kilo en el supermercado asiático pasó de $43 a $58 en la primera marca elegida y de $19 a $25 en el precio más económico), los quesos (los 300 gramos de queso crema en Walmart pasaron de $60 a más de $67 en la primera marca y de $34 a $50 en el precio más económico) y las carnes (el kilo de nalga en Walmart estaba en $209 al comenzar el monitoreo y la última semana estaba a $229).

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Un fenómeno particular observado fue la forma de aumento utilizada principalmente por la multinacional Walmart. Un producto que se encontraba a cierto precio la primera semana bajó claramente su precio en la segunda, para luego aumentar exponencialmente las siguientes dos semanas. Esta metodología se pudo observar en varios productos. El kilo de vacío en la primer visita se encontraba a $219, en la segunda semana pasó a costar $150, y luego, en las siguientes dos pasó de $226 a $240. Otro ejemplo es la primera marca elegida de café. La primera semana los 170 gramos costaban $126, en la segunda el precio bajó a $118 para después subir a $157 en la tercer semana y mantenerse constante. Lo que le llama la atención a mucha gente es la suba de precios en productos que en principio no parecen tener componentes importados, como la harina o las carnes. El precio de los 500 gramos de pan en el supermercado “chino” pasó de $25 el primer dia a $28 en el último monitoreo. José Castillo explica que todo producto tiene aunque sea un componente importado, así sea el combustible del transporte. “Prácticamente no existen productos en la Argentina que no tengan un componente importado. La suba del dólar afecta a todo, algunos al 100% y a otros menos”, aclaró. En el caso de los productos vinculados al trigo, cuando el dólar sube el productor tiene que decidir entre exportar el producto o colocarlo en el mercado interno. Si se lo coloca en el mercado interno, se lo coloca al mismo precio que se lo exportaría. “Por eso la bolsa de harina de 10 kilos pasó de $700 a $970 en un dia con esta última devaluación”, señaló el economista.

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El 7 de septiembre se lanzó en los supermercados el nuevo listado de Precios Cuidados con 550 productos. Además de alimentos se incluyen artículos de limpieza, librería y perfumería, entre otros. “Precios Cuidados para mi es un paliativo. Lo que haría falta es tomar un grupo más chico de productos de la canasta básica y estudiados mucho más científicamente”, explicó Castillo. Cuando se ve la lista, a pesar que es amplia, se nota que efectivamente no cubre lo que la gente realmente necesita y sin contar que casi no posee productos saludables. El economista explica que Precios Cuidados es un acuerdo del que nadie lleva un control. Sería diferente si se ponen precios máximos en una canasta de bienes y sobre estos se ejerce una inspección del Estado.

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Existe un problema aún más importante, que va más allá de la ayuda que puedan otorgar los Precios Cuidados: cuando a la gente no le alcanza la plata, no le alcanza por más beneficios que se otorguen. Una parte muy importante del ingreso de la familia se está yendo en los tarifazos. “Existe un estudio que muestra que en algunos lugares del país la gente está gastando más del 50% del sueldo en pagar alquiler. Entonces esos gastos fijos le comen el salario a la gente”, expresó el docente de la Facultad de Ciencias Sociales.

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Según muchos expertos, la Argentina está al borde de entrar en una nueva fase de crisis. Esta se puede comparar con la sufrida en 1982, al final de la dictadura, a la de 1989 con la hiperinflación del gobierno de Alfonsín o con la del 2001 cuando se vió la crisis de convertibilidad. “El origen de las crisis es siempre el mismo, la incapacidad de la Argentina de pagar los vencimientos de deuda externa”, explicó José Castillo. Esto es producto, al igual que en los anteriores casos, de una mala política económica. “Creer que te podes endeudar infinitamente y que nunca vas a tener que pagar eso”, agregó el economista.

La idea que el problema de la Argentina es que “el Estado gasta mucho y si se reducen ese gasto y el déficit fiscal se fomenta el consumo privado” parece ser solo un discurso fondomonetarista. Gran parte del gasto del Estado se ocupa de miles de docentes, médicos, trabajadores de la salud, empleados públicos, jubilados, constructores de obra pública, etc. “Ajustar el déficit fiscal es justamente quitarle el dinero a toda esa gente”, aclaró Castillo. Si ajustando el déficit se le va sacando plata a esa gente, no solo no se reactiva el consumo sino que se lo empeora. De esa manera, la gente que trabaja en el sector privado, como no vende, tambien es expulsada del sistema.

La economía se reactiva incrementando salarios, haciendo planes de obras públicas que den trabajo, bajando la tasa de interés, entre otras medidas. “Todo eso es exactamente lo contrario a lo que hace el gobierno. Su único objetivo es salir de esta crisis que lo está hundiendo”, ratificó el docente. El gobierno espera que con la plata del Fondo Monetario Internacional (FMI), y sobre todo con los anticipos del 2020 y 2021 para el 2019, le alcance para cubrir los pagos de deudas, la fuga de capitales y el déficit de balanza de cuenta corriente. José Castillo cuenta que varios economistas, inclusive Joseph Stiglitz, premio nobel de economía, anticipan que la plata del FMI no alcanza y avizoran que la economía argentina vaya a un default a comienzos del año que viene.

Para mucha gente, y principalmente para el gobierno de Cambiemos, la esperanza parece ser lo último que se pierde. Pero si algo es seguro, es que lo que se ha perdido es el poder adquisitivo de gran parte de los argentinos, que en muchos casos no alcanza siquiera para cubrir sus necesidades básicas./ AC-FACSO