Notas

Olavarrienses en el ojo de la tormenta

Bolivia ha sufrido un Golpe de Estado contra el presidente electo Evo Morales, y en Chile los reclamos y las manifestaciones no han cesado desde hace semanas. Dos Olavarrienses que actualmente viven en la capital chilena cuentan cómo se han transcurrido estas trágicas semanas.

 

Por Eliseo Diaz (Agencia Comunica)

Ignacio Nattero vive en Chile hace ya 12 años con su esposa e hijos. Se mudó por motivos de trabajo y manifiesta haber cumplido sus objetivos y expectativas. Se había mudado de Olavarría a Buenos Aires y no lograba acostumbrarse a la vida en capital: “era realmente un caos”, expresó. Si bien Santiago es una capital grande, Ignacio cuenta que es mucho más tranquila. Se puede trabajar viviendo relativamente cerca, moverse sin demasiado tráfico, cosas que en Buenos Aires no ocurren.

“Lo que siempre valoramos fue la seguridad, en el momento que nos mudamos uno se sentía muchísimo más seguro.” (Ignacio Nattero)

Algo que en principio le llamó la atención fue que la cultura chilena es mucho más elitista de lo que en Argentina estamos acostumbrados. “Está más segmentado todo, entre lo que le llaman los barrios altos y los barrios bajos”, ejemplificó. En Santiago se llaman “barrios altos” a aquellos que se encuentran subiendo hacia la montaña donde viven personas de niveles socioeconómicos más altos. No existe una clase media tal como la conocemos en este país. Una familia tipo en Argentina puede (o podía hasta hace no mucho), llevar una vida que le permite tomarse vacaciones una vez al año, tener un auto, llegar a fin de mes. “En Chile o estás del lado de los beneficiados y tienes buenos ingresos o, como la mayoría de la población, te esforzas mucho y aun así se te hace muy difícil”, marcó Valeria Gonzalez, otra Olavarriense viviendo en Santiago.

Valeria está radicada en Chile desde el 2002 con su familia, luego de la crisis de Argentina en 2001. La sorpresa se la llevó en un principio cuando pretendieron que sus hijos se eduquen en colegios públicos y no lograron encontrarlos. “Tuvimos que anotar a nuestra hija en un colegio particular. El costo que llevaba mantenerla nos impactó mucho”, contó Valeria.

 

nota 1Foto: Valeria Gonzalez

Ambos entrevistados manifiestan que en Santiago existen grandes problemas, sobre todo en base al costo de los servicios: transporte público, servicios de salud, luz, gas, son mucho más caros que en Argentina. El sistema de salud, por ejemplo, es sumamente distinto que en nuestro país vecino. Todo está privatizado, no existe la obra social ni la prepaga, sino las “Isapres”, una especie de seguro médico que no cubre el 100% de ningún tratamiento o intervención. “Conozco casos de gente que ha tenido que estar internada y tuvo que vender el auto para pagarlo”, mostró Ignacio. Sobre el mismo tema Valeria contó que: “hay gente que tiene que esperar años por una cirugía, a veces se mueren sin que lo hayan operado.”

 

“El costo de vida en chile es muy caro. La comida está muy cara, el combustible es carísimo, los colegios particulares son caros, los del Estado no dan abasto y no hay una buena educación pública” (Valeria Gonzalez)

 

La dificultad de acceso a la universidad es, quizá, uno de los casos más conocidos de la realidad chilena. El estudio universitario hay que pagarlo y se sacan créditos específicos para poder costearlo, que luego se arrastran por 10 o 12 años. “Terminas quinto año y tenes una deuda millonaria... Sos un profesional con deudas gigantescas”, culminó Valeria.

Se desató la tormenta

Ignacio manifiesta que es difícil decir que se lo veían venir. Aunque algo que destaca es que a él y a su esposa siempre les sorprendió cómo, con la gran desigualdad y lo difícil de pagar que son muchas cosas, nunca había habido grandes protestas. “Nos asustamos por la magnitud de lo que fue y la violencia que ha habido, pero realmente es algo esperable y totalmente justo”, consideró.

 

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Foto: Telam

De igual manera, Valeria apoya las demandas y las considera legítimas. Ella puede observar cómo "viniendo de otro país se nota que la realidad que se vive en ciertas zonas de Santiago no es la realidad ni del resto de la región metropolitana y mucho menos de las del resto del país”. Los sectores más vulnerables de la capital chilena se ven obligados a trasladarse en metros (subtes) y micros con precios muy elevados y que proporcionan un mal servicio. “Pagar mucho para viajar en esas condiciones es inviable. La gente tarda hasta dos horas en llegar al trabajo o volver”, continuó Valeria.

Ambos se vieron sorprendidos y preocupados por la gran violencia desatada en las calles. Se quemaron estaciones de subte enteras y se realizaron saqueos tanto a empresas como a Pymes, entre otros hechos vandálicos. También, mediante videos distribuidos por las redes sociales, se creó un miedo general que, sumado al toque de queda, hizo que muchas familias no salgan de su casa por varios días.


“Eso al final repercute injustamente en la gente que más lo está usando, la de bajos recursos.” (Ignacio Nattero)

 

“El reclamo es justo y no estoy de acuerdo con los hechos de vandalismo saqueos, incendios. Me parece que no es la manera y perjudica los posibles avances que el gobierno y los legisladores estén dispuestos a hacer.” (Valeria Gonzalez)

 

El accionar militar y de los carabineros, realizando abuso de sus fuerzas hacia los manifestantes es, quizá, el hecho más lamentable. Personas desaparecidas, mujeres violadas, personas muertas, cientos de heridos de bala y perdigones, tanques en la ciudad: una situación trágica y terrorífica no solo para quienes circulan las calles de Santiago, sino también para todo el mundo.

Pese a esto, las manifestaciones no cesaron, y la más significativa fue la realizada en Plaza Baquedano, con más de 1 millón 200 mil concurrentes, en la que participó Valeria con sus hijos. “Estaban representadas diferentes voces y demandas. No todos pedimos lo mismo y sin embargo había un clima de respeto sorprendente”.

Buscando el arcoíris

Todos estos problemas que ahora parecen estar saliendo a la luz son, reflexiona Ignacio, inconvenientes que el modelo chileno está arrastrando desde hace más de 30 años, donde han pasado gobiernos tanto de izquierda como de derecha. “Esto es un reclamo contra la clase política completa”, concluyó. No son cuestiones que puedan cambiarse de un día para el otro, hay leyes muy importantes a tratar que requieren de un debate serio en el que toda la sociedad sea partícipe.

 

entrevista

Foto: Valeria Gonzalez

Hasta que esto ocurra, quienes son los que se llevan la peor parte está claro. Esta es una tormenta que sigue azotando a toda América Latina, y cada país busca, a su manera, encontrar el arcoíris después de tantos años de nubes sobre su cielo. Presidentes electos obligados a renunciar por un golpe de Estado, presidentes de ultra derecha provocando inmensas reacciones populares: nadie está a salvo. La crisis es general, y el pueblo, como en el caso chileno o boliviano, demostró que es capaz de organizarse y hacer tambalear a aquellos que están tapando el sol hace tanto tiempo o quieren comenzar a hacerlo. Agencia Comunica (Facso)