Educación pública

El derecho a habitar lo público

La primera semana de abril estuvo marcada por paros, marchas y clases públicas. La mirada de docentes y estudiantes ayudan a repensar las posibilidades de defender la educación pública.

 

Por Jonatan Salazar

Cientos de docentes, estudiantes y actores institucionales de la educación comenzaron una serie de actividades para reflexionar, de manera conjunta, sobre la compleja situación que atraviesa la educación pública. Circunstancias que provienen desde hace un tiempo pero que esta vez pareciera llegar a límites difíciles de abordar. En Olavarría se realizaron clases públicas en la Escuela de Artes Visuales y la Facultad de Ciencias Sociales, como así también en el Paseo Jesús Mendía. En ellas pudieron distinguirse docentes de escuelas secundarias, nivel superior y diferentes agrupaciones políticas. Entre todos dieron cuenta de la necesidad de hacer trascender el reclamo por la cuestión salarial para empezar a fortalecer otras reivindicaciones, como por ejemplo el status del docente como un trabajador estatal, un trabajador de la educación.

“Estamos notando que el ’vayan a trabajar’ se está convirtiendo en un estigma muy fuerte que están cargando de sentido. No se nos ve como trabajadores defendiendo un derecho que ha sido consagrado. Y por otro lado está la demonización de la protesta social. No sólo somos ‘vagos’ sino que somos peligrosos y delincuentes, esa cuestión de acusarnos de golpistas. Siempre el movimiento de trabajadores docentes por lo que se ha caracterizado es por ser absolutamente democrático”, explica Ludmila Adad, docente de Antropología Social y representante de Adunce, luego de culminar una marcha que coincidió con el paro nacional el pasado 6 de abril. Esta disputa comenzó a partir de la recurrencia de discursos surgidos desde las esferas gubernamentales: incentivando a “voluntarios” para el inicio de clases; negando el llamado por ley a paritarias nacionales; descalificando a la educación pública como el lugar en el que “caen” los que no “pueden” ir a una privada, etc. En este sentido, los propios trabajadores de la educación se ven interpelados al momento de realizar un reclamo: en la concentración del 6 de abril, un hombre, desde un camión, gritó “Vayan a laburar, vayan a laburar”; mientras a los pocos metros una mujer en la puerta de un vivero expresaba con un “No estoy de acuerdo” su disconformidad para con la marcha que seguía su camino hacia la plaza central.

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Pedagogía de lo público

Son alrededor de las cinco de la tarde. La clase pública se retrasa unos minutos en la espera de quienes traen la llave, pedida al municipio, para hacer la bajada de luz y conectar el micrófono. A la brevedad, la profesora se presenta ante los más de 30 estudiantes de la Facultad de Ciencias Sociales sentados en ronda en el Paseo Jesús Mendía. Es el primer día de cursada de la cátedra de Fundamentos de Antropología. Mientras la docente introduce a los estudiantes en el recorrido temático del programa, vincula los temas con la situación actual. Un poco más lejos de la escena, hay padres y madres esperando a sus hijos e hijas salir de una escuela privada. En un momento, una niña con una bolsa de pochoclos en una mano y con la mano de su madre en la otra, se detiene alrededor de la ronda. La madre, le hace un sutil gesto de seguir caminando, pero la pequeña se sienta. La profesora, empieza a explicar el aporte antropológico para pensar los acontecimientos socioculturales. Señala que una de las máximas es “desnaturalizar el más común de los sentidos y preguntarse si lo que está dado fue siempre así”. También afirma que esta forma en la que está dada la situación actual no es la única ni la mejor y que la reflexión interdisciplinar de las carreras que ofrece la universidad pública es fundamental para proponer otras formas de vinculación. “Lo veo como un acto positivo: mostrarle a la sociedad lo que son las clases de la universidad, algo que mucha gente no tiene la posibilidad o que nunca fue a la facultad, poder ver lo que se está dictando. Mejor manera de salir a la calle no veo. La ubicación fue bien elegida: frente a la Municipalidad, por ende está hablando de un contexto político que concierne a la clase pública porque la clase deja de ser un diálogo profesor-estudiante para pasar a ser un contexto político con la sociedad” reflexiona Simón, quién tuvo que regresar desde Buenos Aires por cuestiones económicas y decidió seguir estudiando en Olavarría.

Parar o no parar

Otra cuestión presente en los debates fue la legitimidad o no del paro. En tiempos en donde desde el poder se invierte el sentido de los discursos y se posiciona a los docentes como vaciadores de la educación, desde las reflexiones quedaron en claro que el paro no tiene el sentido de ser algo inactivo sino que es una instancia donde puede ponerse en común qué pasa y qué posibilidades de trabajo en conjunto existen. “Lo que el paro nos convoca es a reflexionar para pensar esta realidad que construimos todos, esta sociedad eligió esto y lo construimos entre todos. Me parece que la educación pública tiene mucha responsabilidad de hacerlo, de lo contrario ¿quién lo haría? En mi caso me siento convocada en honrar a la educación pública a la que accedí, no solamente en términos de futuro sino de pasado. Utilizo esta oportunidad para honrar los espacios por los que pude transitar gracias a la existencia de la educación pública”, explica Rosana Sosa, docente de la Facultad de Ciencias Sociales, quien además fue primera generación de su familia en terminar estudios superiores. En este sentido, llevar una clase a un espacio público tiene la particularidad de visibilizar qué es lo que se hace cuando se trabaja en la educación pública.

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“Tanto el gobierno, los sectores empresarios y políticos como la burocracia sindical le temen al pueblo movilizado, al pueblo parando. Saben que cuando la gente para no es para quedarse en su casa sino que para porque tienen un reclamo, una necesidad. Y eso se expresa en la calle mediante protestas, cortes o la ocupación de las plazas. Lugares representativos para llevar al poder político esos reclamos”, explica Agustín Mestralet, integrante  del Partido Obrero de Olavarría y de la agrupación sindical Tribuna Docente. Pensar en la participación como colectivo social para proponer soluciones fue una de las conclusiones a las cuales se llegó. En ese sentido, se señaló en una clase el rol de los medios y su participación en la construcción de la estigmatización de los dirigentes sindicales, de los activistas políticos, del colectivo de mujeres y de los movimientos sociales en su conjunto. “En las distintas clases ese tema atravesó los encuentros: reflexionar estas cuestiones y discutir cómo podemos hacer los docentes para desarmar esos prejuicios. Realizar clases en el espacio público tiene la finalidad de revertir esta cuestión de que queremos vaciar la educación. Nada más alejado, estamos peleando por la educación. Con respecto a los docentes universitarios, no abandonamos los puestos de trabajo, estamos más firmes que nunca en la facultad articulando contenidos con el tema que nos convoca en este momento que es la lucha docente”, explica Adad.

Las movilizaciones, los debates y las clases públicas que se produjeron la primera semana de abril, tuvieron su respuesta el domingo 9 cuando la policía federal reprimió la puesta de una escuela itinerante que los docentes querían instalar en la Plaza de los Dos Congresos en Buenos Aires. Hasta el momento, las respuestas del gobierno nacional y provincial no han pasado del desgaste y en su peor extremo, la represión. Ante la pedagogía de la precarización que el gobierno nacional quiere instalar mediante salarios bajos y recortes presupuestarios en un contexto de suba de servicios, el conjunto de trabajadores y estudiantes de la educación pública propone la pedagogía de lo público para reforzar el sentido de un derecho a ser defendido./AC - FACSO