Derechos humanos y comunidad

Los alcances de la memoria mediante la investigación

El conocimiento de un pasado oculto sirvió en De la Garma para que una nueva generación dimensionara lo sucedido durante la última dictadura. El rol de las escuelas ante un programa que fomenta la memoria y los derechos humanos.

 

Por Jonatan Salazar

El compromiso de Gobea y un grupo de estudiantes para indagar hechos y testimonios con la idea de reconstruir la vida de De la Garma durante los años de terrorismo de estado logró visualizar un conjunto de situaciones y significados que habían permanecido silenciados durante más de 30 años. Las etapas del proyecto “Resistiendo el olvido” recorrieron varios caminos y tuvo avances significativos. Del “acá nunca pasó nada” se pudo ir re-descubriendo lo que encubría esa expresión en el imaginario colectivo. En tiempos en donde se pone en duda la cifra de desaparecidos y cuando mediante fallos, por fuera de la ley, se abre la posibilidad de liberar a represores y genocidas, un trabajo de investigación puede ser pensando como un aporte para seguir argumentando que el terrorismo cívico-militar fue un plan sistemático que llegó a manifestarse en diferentes lugares del territorio argentino con diversos alcances.

¿Qué aportes se pueden destacar del trabajo y las conclusiones obtenidas?

Primero y principal fue altamente significativo para los jóvenes. No sólo les importaba el tema sino que además les interesó el espacio de debate para poder pensar y expresarse. Tener a familiares y sobrevivientes cerca, escucharlos, fue algo muy fuerte. Y a mí me sirvió para ver cómo el tema era retomado por los jóvenes resignificándolo, dándole otro sentido. A los adultos les permitió expresarse, y a nosotros nos permitió conocer su forma de ver e interpretar los hechos, distinta a la que se tiene en las organizaciones políticas. Es decir, traer la memoria del pasado al presente, no para repetir el pasado sino para construir las posiciones actuales que en su momento, si existieron, no fueron demasiado tenidas en cuenta por las estructuras partidarias.

¿Qué hechos se conocieron sobre el despliegue de la estructura cívico-militar en el pueblo?

En el 77, cuando la mano estaba muy pesada, aparecieron en De la Garma  militares del V Cuerpo de Ejército rodeando una manzana: venían a investigar la imprenta del “Eco Garmense”. Les había llamado la atención que existiera una imprenta en un pueblo tan chico y sospechaban que se podían imprimir materiales “subversivos”. No encontraron nada y se fueron, pero se temía que empezaran a requisar las cosas. Yo ni bien los vi corrí a esconder arriba del techo del galpón de casa unos discos de Mercedes Sosa y de Atahualpa Yupanqui, y algunos libros y revistas que no había querido tirar ni quemar.

Otros de los testimonios a partir de los cuales se pudo reconstruir la presencia militar fue lo que transcurrió en el club Agrario donde un grupo de jóvenes, que aún no alcanzaban los 18 años, se había quedado hasta tarde. Allí habían puesto las maquinas tragamonedas con juegos. Durante esa noche aparecieron militares y los apuntaron con armas en la cabeza, advirtiéndoles que debían irse a sus casas. Había padres que estaban contentos con esas medidas, se sentían más seguros de que cuidaran a sus hijos para que no les pase nada ni se anduvieran metiendo en nada raro…

También se pudo traer a la memoria una situación muy particular como lo que sucedía frecuentemente en la Biblioteca Rivadavia. Ahí había una persona que revisaba los registros de lectores y hacía el seguimiento de algunos socios para controlar qué libros se sacaban. Esto tuvo otro alcance ya que se continuó haciéndolo en democracia.

dlgp2Para Gobea, el intercambio entre estudiantes de toda la provincia posibilitó un fortalecimiento del trabajo./ Foto: Gentileza Melina Ibarra.

¿Cuál fue la importancia del involucramiento de los jóvenes en la investigación?

La experiencia en el distrito me ha hecho revisar algunos prejuicios sobre el tema. Por ejemplo, los obstáculos y las facilidades se dieron tanto en la escuela pública como en las escuelas privadas. Para mí fue un orgullo poder hacerlo libremente en la Escuela Media de De la Garma pero fue decepcionante no contar con la misma actitud en la Escuela Media de Gonzales Chaves. Ahí, el proyecto impactó en muchos alumnos y ex alumnos de las escuelas privadas. En el último tiempo, uno de los docentes que más estimuló a los estudiantes del Instituto Parroquial “Juan Eliçagaray” es Miguel Lucero, quien lleva adelante una serie de murales. Los estudiantes suelen rotar de una escuela a otra, así que el tema es transversal.

En lo que respecta a la implementación del proyecto, la diferencia entre las instituciones públicas y privadas se ha relativizado. Es importante que el tema sea apropiado por todos para ayudar a tomar conciencia no sólo del terrorismo de estado sino de lo absurdo de la discriminación social en el presente. El avance en la toma de conciencia de los derechos humanos también fue muy favorecido por las capacitaciones de los cursos del Programa “Jóvenes y Memoria”, que lograron aprendizajes significativos muy difíciles de poder emprender en la escuela. El intercambio con otros jóvenes de la provincia fortaleció la alta calidad del trabajo de los coordinadores y expositores. Creo que eso se incorpora a ellos como una experiencia formadora de su identidad colectiva.

¿Actualmente en De la Garma se sigue trabajando en el programa “Jóvenes y memoria”?

El ciclo parece agotado, al menos momentáneamente. Yo me aparté porque di un puntapié inicial que me pareció necesario, pero nunca quise que al proyecto se lo identificara como de mi propiedad. Era necesario que participen otros docentes. Y siento que puse todo lo que tenía para dar, no se me ocurren nuevas ideas. Al cambiar la temática propuesta por la Comisión para dedicarse a violaciones actuales de los Derechos Humanos, se hace más difícil aún encarar una investigación./ AC-FACSO